Diacronía en sincronía: (El ostracismo)
Ernesto escribía novelas para recordar. Lo hacía a menudo.
Al finalizar cada capítulo, sus personajes escondían su arte borrando las segundas y terceras líneas de cada cuatro.
Ernesto resaltaba para dar vida a su memoria y así entender gran parte de su historia.
06 marzo 2009
02 marzo 2009
25 febrero 2009
23 febrero 2009
Dulce Daniela
El color de la nostalgia es rosa viejo. Va contra la corriente como el salmón y queda marcado en una alfombra. Una alfombra que se siente cálida, rejuvenece al candor del recuerdo, estira el presente en la dialéctica de la memoria y envejece con las toneladas del pasado.
En el jardín de infantes actuamos y cantamos Dulce Daniela, y entre el rojo, el amarillo y el azul celeste, yo elegí el crayon verde para pintar. Fue hora de tomar la brocha y dar forma a un árbol con hojas frescas cómo himno de mi corazón: "Un mundo nuevo, pintalo nena, pinta dentro de mí".
El color de la nostalgia es rosa viejo. Va contra la corriente como el salmón y queda marcado en una alfombra. Una alfombra que se siente cálida, rejuvenece al candor del recuerdo, estira el presente en la dialéctica de la memoria y envejece con las toneladas del pasado.
En el jardín de infantes actuamos y cantamos Dulce Daniela, y entre el rojo, el amarillo y el azul celeste, yo elegí el crayon verde para pintar. Fue hora de tomar la brocha y dar forma a un árbol con hojas frescas cómo himno de mi corazón: "Un mundo nuevo, pintalo nena, pinta dentro de mí".
Nubarrones del 3ro al 8vo
No es sólo potestad de los libros de inglés que los personajes hablen del tiempo cuando la incomodidad entre dos desconocidos acecha. Hablar del tiempo siempre refiere al sol, a la lluvia, al calor y a las nubes. Nunca hablar del tiempo es hablar de las etapas, de las eras, de las décadas, del tiempo fue y será una porquería ya lo se, en el 510 y en el 2000 también.
En las entrevistas del mes de enero, el tiempo fue tema de conversación en esos 7 pisos del ascensor desde la puerta del edificio a la puerta de mi trabajo.
Me pregunto: Al comenzar una entrevista, los meteorólogos quebrarán el hielo con un "Que feo está el tiempo, no!"?
No es sólo potestad de los libros de inglés que los personajes hablen del tiempo cuando la incomodidad entre dos desconocidos acecha. Hablar del tiempo siempre refiere al sol, a la lluvia, al calor y a las nubes. Nunca hablar del tiempo es hablar de las etapas, de las eras, de las décadas, del tiempo fue y será una porquería ya lo se, en el 510 y en el 2000 también.
En las entrevistas del mes de enero, el tiempo fue tema de conversación en esos 7 pisos del ascensor desde la puerta del edificio a la puerta de mi trabajo.
Me pregunto: Al comenzar una entrevista, los meteorólogos quebrarán el hielo con un "Que feo está el tiempo, no!"?
18 febrero 2009
19 diciembre 2008
El diccionario de los sentires: Re-conocimiento
Pansardi rozó los pliegues de la emergente arruga. Para museificarlo, lo sentaron de piernas cruzadas y le hicieron morder (el pasto d)el empate. El devenir del escurridizo silencio le creó una categoría en la taxonomía social.
Si bien nadie se hizo responsable por las fallas del espejo, quién lloró 7 años de mala suerte fue el gato Luna, su fiel mascota, que vivió cada una de sus 7 vidas como si fuera la última.
Pansardi continuó intacto. Quizá se superó en la administración del tiempo o tuvo su vuelco conservador. Se re-conoció, adulto pequeño, con el advenimiento de la TV Digital. Sólo para darse cuenta que no requería de alta resolución para montar papalotes de victoria en el cielo o encontrar al conejo tras un árbol en la Luna.
Pansardi rozó los pliegues de la emergente arruga. Para museificarlo, lo sentaron de piernas cruzadas y le hicieron morder (el pasto d)el empate. El devenir del escurridizo silencio le creó una categoría en la taxonomía social.
Si bien nadie se hizo responsable por las fallas del espejo, quién lloró 7 años de mala suerte fue el gato Luna, su fiel mascota, que vivió cada una de sus 7 vidas como si fuera la última.
Pansardi continuó intacto. Quizá se superó en la administración del tiempo o tuvo su vuelco conservador. Se re-conoció, adulto pequeño, con el advenimiento de la TV Digital. Sólo para darse cuenta que no requería de alta resolución para montar papalotes de victoria en el cielo o encontrar al conejo tras un árbol en la Luna.
13 noviembre 2008
El diccionario de los sentires: Ob(Sub)jetividad
"Prohibido emocionarse", Santiago de Chile 2008.
Yo, subjetivo.
NdR: La palabra objetividad ha sido eliminada del Diccionario de los Sentires.
10 noviembre 2008
El diccionario de los sentires: Reconciliación
Cruzar la cordillera me permitió reconciliarme con los aeropuertos y las terminales de bus. Incidió sin reincidir, espejó otra óptica: Viajar no como forma de vivir, sino de observar la vida. Esta acompañada soledad sin lágrimas en tu hombro no suprimió mi endemoniada adicción por los acentos. Ni por las carreteras latinoamericanas. Ni por los atardeceres. Ni por el mar.
Seguí elegiendo el mismo asiento. Estreché tu mano. Y a rodar.
Cruzar la cordillera me permitió reconciliarme con los aeropuertos y las terminales de bus. Incidió sin reincidir, espejó otra óptica: Viajar no como forma de vivir, sino de observar la vida. Esta acompañada soledad sin lágrimas en tu hombro no suprimió mi endemoniada adicción por los acentos. Ni por las carreteras latinoamericanas. Ni por los atardeceres. Ni por el mar.
Seguí elegiendo el mismo asiento. Estreché tu mano. Y a rodar.
19 octubre 2008
El diccionario de los sentires: Tesoro
Si bien se asemejan, los tesoros son mas privados y más privativos que los sueños. El Banco Central de éste, mí país, revivió el maravilloso emprendimiento de la búsqueda del tesoro. Con pistas delimitadas pero cruces equivocadas, los transeúntes buscan monedas. A sol y sombra. A capa y espada. En un tira y afloje. Cara o ceca.
En la terminal de colectivos, el final del arcoiris para cada chofer, espera un duende irlandés y una moneda de cartulina que se abre en dos. En la moneda hay un menú de deseos. El menú no es extenso y siempre está dispuesto a reformulación. Más alla de casos particulares, los más pequeños eligen chupetines, los trabajadores optan por las de 1 peso, los indecisos le preguntan al duende y el duende consulta al chef de los deseos.
Yo al duende le pido sueños. Y entre privado y privativo, el chef me prepara un trebol con salsa de cuatro hojas. Junto a este plato, el duende trae a la mesa sueños predestinados y plastimasa para crear sueños propios. Y, aunque lleve más tiempo, yo empiezo a moldear. A mitad de camino entre los chupetines y las de 1 peso, moldeando, busco el tesoro.
Si bien se asemejan, los tesoros son mas privados y más privativos que los sueños. El Banco Central de éste, mí país, revivió el maravilloso emprendimiento de la búsqueda del tesoro. Con pistas delimitadas pero cruces equivocadas, los transeúntes buscan monedas. A sol y sombra. A capa y espada. En un tira y afloje. Cara o ceca.
En la terminal de colectivos, el final del arcoiris para cada chofer, espera un duende irlandés y una moneda de cartulina que se abre en dos. En la moneda hay un menú de deseos. El menú no es extenso y siempre está dispuesto a reformulación. Más alla de casos particulares, los más pequeños eligen chupetines, los trabajadores optan por las de 1 peso, los indecisos le preguntan al duende y el duende consulta al chef de los deseos.
Yo al duende le pido sueños. Y entre privado y privativo, el chef me prepara un trebol con salsa de cuatro hojas. Junto a este plato, el duende trae a la mesa sueños predestinados y plastimasa para crear sueños propios. Y, aunque lleve más tiempo, yo empiezo a moldear. A mitad de camino entre los chupetines y las de 1 peso, moldeando, busco el tesoro.
03 octubre 2008
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